Cuando uno va a ver una película de Christopher Nolan, no espera ver a gente pasando el rato en un apartamento: *La Odisea* es un espectáculo de gran escala, digno del poema que la inspiró. Si la introspección del héroe y el dilema moral de Penélope ocupan el centro del relato, la acción, los monstruos y los combates quitan el aliento.
No sucumban a los cantos de sirena desesperanzadores de algunas críticas y fórjense su propia experiencia. Vayan al cine y disfruten del sublime espectáculo.
A título personal, estoy encantada con el rumbo que ha tomado la carrera de Nolan desde *Oppenheimer*. Tras dos décadas de películas clínicas y controladas, por fin desata toda su energía hacia un cine más salvaje y visual, de verdadero disfrute.
*La Odisea* no está exenta de defectos; el más importante, a mi juicio, es el peso de una historia tan densa que las peripecias se suceden sin pausa ni verdaderos momentos contemplativos. Aun así, sigue siendo una propuesta clara e inteligible para la casi neófita que yo era, ya que, pese a mis años de teatro, Homero seguía siendo un punto ciego en la larga lista de textos antiguos y post antiguos que había leido.
Sin embargo, reúne todas las cualidades que cabe esperar del director, además de algunas nuevas incursiones, aún más decididas, en el terreno de la tensión pura, todo ello dentro de un relato hecho a medida para las obsesiones del cineasta.
Al contrario de lo que se sigue repitiendo, no, la película no es lenta, los combates no están mal filmados y la música no está sobredimensionada.
Una magnífica pelicula de cine que me hace esperar lo mejor de lo que está por venir. Mantengan los ojos bien abiertos.
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